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Y La Suma Siempre Es Dos



“Y Él dijo: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente’. Y el segundo es semejante a este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.”

Evangelio según San Mateo 22:37, 39

Pienso que si Jesús hubiera sido un maestro de Matemáticas, habría tenido serias dificultades a la hora de dar explicación a sus prácticas. De hecho, su modo de realizar operaciones resultaba un poco extraño. Por ejemplo, cuando tenía que multiplicar, dividía (como en el caso de los panes y los pescados). Para obtener un resultado mayor, restaba, (como los típicos imperativos dirigidos a quienes pretendían seguirle: deja, corta, pierde, quita, etc.)

Pero también sus sumas resultaban sorprendentes. El judaísmo contaba hasta 613 preceptos. 365 comenzaban con un “no” y 248 con un perentorio “debes”. Luego, había centenares y centenares de prescripciones que se referían al que era considerado el mandamiento más grande: el sábado. Sin embargo, cuando se le pidió responder a la pregunta sobre el más grande mandamiento, respondió de manera realmente sorprendente.

El Maestro por excelencia comienza a “sumar”, y sumando todo, el resultado siempre es dos: Amar a Dios y amar al prójimo. De manera que no hace falta complicarse la vida propia ni la de los demás. La suma de todos los mandamientos y preceptos siempre es la misma: dos.

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