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Un Joven Clavadista



Un joven que se había criado ateo estaba tratando de convertirse en un clavadista olímpico. La única influencia religiosa en su vida venía de un amigo cristiano que siempre le estaba predicando. El joven clavadista nunca realmente le prestaba atención a los sermones de su amigo, pero los escuchaba seguido. Una noche el clavadista entró a la alberca que estaba dentro del colegio donde asistía. Todas las luces estaban apagadas, pero el edificio tenía grandes ventanas en el techo y la luna estaba brillando, había suficiente luz para poder practicar.

El joven se subió al trampolín más alto y al voltearse de espaldas hacia la alberca, en la orilla de la tabla, y extendiendo sus brazos hacia afuera, observó su sombra en la pared, la sombra de su cuerpo estaba en forma de cruz, en vez de echarse el clavado se arrodilló y finalmente le pidió a Dios que entrara en su vida. Mientras este joven estaba allí, una persona de mantenimiento entró y encendió las luces. El agua de la alberca había sido drenada para hacer algunas reparaciones.


Lecturas:


domingo, 16 de julio Salmos 121:7-8

lunes, 17 de julio Salmos 121:5-6

martes, 18 de julio Salmos 32:7

miércoles, 19 de julio Deuteronomio 31:6

jueves, 20 de julio Salmos 46:1

viernes, 21 de julio Salmos 118:6

sábado, 22 de julio Salmos 16:1


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