Un Gran Privilegio, Una Gran Responsabilidad




“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”

Evangelio según San Juan 21:17


En una de las películas de Spiderman recuerdo un consejo que me llamó mucho la atención. Se lo dijo el tío Ben a Peter Parker, el joven detrás de la máscara del hombre araña. Pensando que su sobrino estaba pasando por los cambios de la adolescencia y por ello, estaba metiéndose en problemas los cuales incluía peleas y golpizas a compañeros de escuela, el tío Ben le dice: “A tu edad se define el hombre que serás de ahora en adelante. Mira a ver en qué te conviertes. Tal vez el chico se merecía esa golpiza, pero el que pudieras dársela no te da derecho a hacerlo. Recuerda que, un gran poder, conlleva una gran responsabilidad.”

En el capítulo 21 del Evangelio según San Juan, después de una pesca milagrosa y de Jesús resucitado manifestarse a algunos de los discípulos por tercera vez, Éste sostiene una conversación con Pedro de lo mas interesante. El Señor en un par de ocasiones le pregunta a Pedro si lo ama. Refiriéndose a un tipo de amor en su máxima expresión. A un tipo de amor de entrega total, de servicio, que lo da todo sin esperar nada. Y aunque Pedro le contesta de manera afirmativa, el tipo de amor que él puede ofrecer es uno de significado distinto. Es un amor fraternal, de amistad, de aprecio. Esto porque Pablo había reconocido su error y su fallo de negar al Señor luego de haber declarado que estaría con Él hasta el final. Pablo se ha dado cuenta que, era uno como los otros y no era tan especial como él creía. Y por esa razón ya o se atrevía, ni podía expresar un amor al nivel del que le pedía el Maestro. Por lo que, por tercera vez Jesús le pregunta a Pedro si lo ama, pero en esta ocasión bajando al grado de amor al que Pedro había mencionado en sus respuestas: “Si, Señor, Tu sabes que te tengo afecto.” No obstante, las respuestas de Pedro no afectaron su perdón, ni su restauración delante del Señor. Pues Jesús además de restaurarlo y perdonarlo le devuelve la confianza que le tenía al ordenarle tres veces el cuidado, la protección y el amparo de los suyos. Esto sin antes dejar de decirle que en adelante Pedro le sería fiel hasta el final, lo que lo llevaría a la cruz.

Pedro negó al Señor en tres ocasiones. Ahora en tres ocasiones el mismo Señor Jesucristo le brinda la oportunidad de que confiese y reafirme su amor por Él. Amar a Dios es un privilegio, si así lo hacemos es porque Él nos amó primero. Ese privilegio nos debe mover en gratitud a expresarlo en el cuidado incondicional a los demás. El amor le trajo a Pedro una misión y una cruz, es por lo que, podemos decir que un gran privilegio conlleva una gran responsabilidad.



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