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Un Adelanto Inesperado




“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.”

Evangelio según San Mateo 17:1-2


Hace varios años era bien interesante ir al cine y disfrutar también de los “cortos” o adelantos de las películas que se iban a presentar próximamente. Ya que, al no existir la Internet, el modo más común de enterarse de los futuros estrenos era así; presenciándolos personalmente en las salas de teatro. Qué muchas sorpresas nos llevábamos y qué emocionante era el encontrarse con la revelación de alguna película que nos gustaría ver y esperábamos con ansias. No queríamos que el corto terminara y nuestro mayor deseo era que esa película comenzara ya.

En cierta ocasión Jesús les pregunta a sus discípulos ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? refiriéndose a sí mismo. Tras la respuesta de ellos, ahora les hace una pregunta más directa: Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo? A lo que Pedro, por revelación de Dios, contesta: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Una respuesta que no tardó mucho tiempo en ser confirmada pues una semana después, al subir Jesús al monte a orar con tres de sus discípulos, algo maravilloso sucedió. El rostro de Jesús resplandeció y sus ropas se volvieron blancas con una luz que no procedía de ningún otro lado, sino que emanaba de su propio ser. Por un momento el Señor se les mostró tal cual era desde la eternidad. Por unos instantes, Pedro, Juan y Jacobo presenciaron la gloria del Hijo de Dios y de su reino, pues Moisés y Elías estaban a Su lado. Y hasta la misma presencia de Dios los cubría a todos en una nube, desde donde se oyó la voz de Dios decir: “Este es mi Hijo amado; a Él oíd.” Una experiencia que Pedro y tal vez los demás no quisieran que acabara, pues Pedro propone quedarse allí por un tiempo indefinido queriendo construir tres enramadas.

De manera inesperada, estos tres discípulos, presenciaron y experimentaron un adelanto de lo que viviremos cuando estemos en la presencia del Señor y lo veamos en gloria, cara a cara en su reino por la eternidad. Por más que quisieran no podían quedarse allí, había un trabajo que hacer. Gracias a su testimonio, nosotros podemos confiar en que algún día, de igual manera, viviremos esa gran experiencia. Adelantemos el Reino de Dios aquí en la tierra proclamando la gloria de Jesucristo; el Hijo del Dios viviente, para que muchos más lo esperen también con ansias y deseen vivir con Él y para Él.


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