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Recuerda Quien Sacia De Verdad



“Yo soy el Pan de Vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree no tendrá sed jamás.”

Evangelio según San Juan 6:35

La novela “The Greatest Desire” (El Más Grande Deseo) habla de un joven escritor que llega a Nueva York con el propósito de recoger material para una novela con ese mismo título. En sus indagaciones, el escritor formula a cada persona la siguiente pregunta: “¿Qué es lo que quiere o desea usted en la vida?” Luego, no les permite escapar con una respuesta simple. Si un hombre respondía que quería ser abogado, el escritor insistía: “Y, ¿por qué quiere ser usted un abogado?” “¿Qué es lo que realmente desea conseguir con ello?” De esa manera terminaba averiguando cuál era el gran deseo de aquella persona.

Tal vez, Rudyard Kipling podía haberle dado la respuesta que mejor satisfacía. Sucede que durante una grave enfermedad, se mostró muy inquieto. La enfermera que le atendía le preguntó: “¿Necesita o desea alguna cosa?” Entonces, Kipling respondió con un murmullo: “Quiero a Dios”.

En un sentido, todos los seres humanos somos como Kipling. Todos necesitamos a Dios. En medio de nuestra imperfecta condición humana, necesitamos que Dios mismo sea quien satisfaga nuestra necesidad. En el momento de la verdad, lo que todos necesitamos es a Dios mismo. Lamentablemente, aunque tenemos esa necesidad, no la reconocemos de manera natural y espontánea. Buscamos satisfacerla con bienes materiales, con trabajo, con diversión o con placeres, con otras personas, y hasta con otras orientaciones religiosas. Por otro lado, si has puesto tu confianza en el sacrificio de Jesucristo, habrás podido comprobar que Él es el único que puede satisfacer plenamente todos nuestras demás necesidades. Por eso, cuando llegue el momento de la prueba, no vayas a ningún lugar. Recuerda Quién sacia de verdad.



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