Listos Para Vivir Sin Temor.




“El Señor está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

Libro de los Salmos 118:6


¿Sabía usted que en las Sagradas Escrituras, la expresión: “No temáis” o “No temas”, y sus derivados, aparecen más de 350 veces? Me parece que esto representa mucho. Particularmente para una sociedad como la nuestra, dominada por la ansiedad y por el temor, esta cantidad asombrosa de veces debería llamar nuestra atención. Por otra parte, la gran cantidad de veces en que se exhorta al pueblo de Dios a no temer, demuestra que el temor no parece ser un distintivo único y exclusivo de la presente generación. Tal parece que el temor es un denominador común en todos los seres humanos. Sin embargo, a la luz de esta gran cantidad de exhortaciones, el temor no debería constituir el sello que distinga nuestro proceder. Ahora bien, la pregunta que deberíamos hacernos es, ¿cómo podemos estar listos vivir sin temor?

Aparte de las muchas promesas que se refieren al cuidado divino contenidas en las Sagradas Escrituras, existe un principio rector para todos los cristianos. Veamos. El texto de Lucas 13:31-35 nos presenta a Jesús respondiendo a la advertencia lanzada por algunos fariseos con respecto al peligro que podía representar para Jesús la persona de Herodes. Éste, según los fariseos, tenía intenciones de matarlo. La manera en que nuestro Señor reacciona debe ayudarnos a estar listos para enfrentar nuestros propios temores. En su respuesta, Jesús demuestra que Él sabe lo que tiene que hacer, que va a seguir haciéndolo, y que nadie lo va a detener. En otras palabras, es su obediencia a la misión que le ha sido encomendada por el Padre, y no las amenazas de Herodes, lo que controla cada una de sus acciones. Es decir, las circunstancias no determinaban su curso de acción. Por otro lado, nuestro curso de acción tiene que estar determinado por la voluntad y los planes de Dios. Cuando esto está claro para nosotros, no hay por qué temer a nada. Nuestro destino final está reservado, y nuestra vida presente está guardada por las promesas de Dios. Entonces, ¿por qué temer?

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