La Paz Verdadera




La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo."

Evangelio según San Juan 14:27


Leí una historia verídica, la cual paso a compartir con ustedes. Sucede que cierta pareja jubilada, ante el temor de un ataque nuclear, se dio a la tarea de identificar el lugar más seguro para disfrutar allí del ansiado tiempo de retiro. Realizaron una investigación minuciosa sobre cuáles eran los lugares menos propensos a recibir un ataque nuclear.

Luego de muchos viajes y horas de estudio, decidieron establecerse en las islas Falkland. Entonces, durante la época navideña, decidieron enviar una postal a su Pastor informándole sobre su nueva dirección. Sin embargo, poco tiempo después, su ansiado paraíso se convirtió en el campo de batalla del conflicto entre Inglaterra y Argentina.

La noche en que Jesús compartió la última pascua con sus discípulos, aprovechó la ocasión para compartir con ellos una serie de verdades que les servirían para enfrentar, no sólo aquella hora tan difícil, sino también los días iniciales de la vida de la Iglesia naciente. Con este fin, les anunció el envío del Espíritu Santo, como el otro Consolador que les capacitaría para enfrentar los retos que habrían de surgirles. Parte de la obra de ese otro Consolador consistiría en traerles lo que podríamos llamar: La paz verdadera. Podemos denominarla así por la manera en que el propio Jesús la describió, cuando dijo: “Yo no os la doy como el mundo la da”. Y es que esa paz verdadera tiene tres dimensiones: La primera es una dimensión de carácter vertical, dado el hecho que nos trae la paz con el Padre. La segunda dimensión es de orden horizontal, ya que nos mueve a procurar la paz con nuestros semejantes. Y finalmente, nos da la paz que habita en nuestro interior. Es decir, es una paz que no está sujeta a las condiciones que nos rodean. Es una paz que, como escribiera el apóstol Pablo: “Sobrepasa todo entendimiento y que guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”, (Filipenses 4:7). ¡Esa es la paz verdadera!

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