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Juntos, Pero No Revueltos



Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega;”

Evangelio según San Mateo 13:29-30a


¿Ha visto usted cosas que son muy parecidas pero que no son iguales? Ejemplo de ello lo podemos ver con el sapo y la rana, la liebre y el conejo, o el cocodrilo y el caimán. Animales que a simple vista nos pueden parecer iguales y hasta difíciles de identificar. Sin embargo, todos ellos tienen sus diferencias, cualidades, y propósitos.

En el evangelio según san Mateo hay una parábola exclusiva que se conoce como la parábola del trigo y la cizaña. Dos plantas que son tan parecidas que a simple vista, si crecen juntas, suelen ser difíciles de reconocer e identificar. El trigo es de bendición, pues es la fuente principal de alimento. Con su fruto se prepara la harina para el pan. La cizaña daña la harina pues es amarga y tóxica, es decir, venenosa. Por lo que es importante no mezclarla con el trigo. Ahora, mientras crecen, la cizaña enrosca sus raíces con el trigo lo que la hace imposible de separar. Por lo que, cualquier intento de arrancarlas, arrancará también el trigo. Entonces ¿qué se puede hacer? Dice la Biblia, que se dejen ambas creciendo juntas, coexistiendo juntas, hasta el momento de la cosecha. Ahí, cuando se recojan todas, ya maduras, se podrán identificar unas de otras y por lo tanto, separarlas. Para así, el preciado trigo, recogerlo y guardarlo en el granero; y la inservible y dañina cizaña amontonarla para que sea desechada y quemada.

Esta ilustración nos muestra una verdad espiritual. El cristiano, quien es parte del reino de Dios, no vive una vida perfecta. Estamos rodeados de sin sabores, problemas, obstáculos, dificultades, y todas esas situaciones o la gran mayoría de ellas son causadas por personas que no creen en Jesús como su Salvador, ni tienen a Cristo en su corazón y viven en la carne. Y a cuantos no nos gustaría poder remediar esas cosas cuando vemos que todas esas personas se salen casi siempre con la suya siendo hacedores de maldad. Pero de igual manera como el trigo y la cizaña debemos coexistir, debemos estar ahí, juntos, pero no revueltos. Si tratamos de arreglar las cosas por nosotros, arrancando la cizaña, vamos a afectar también el trigo. A fin de cuentas, también nosotros fuimos en algún tiempo cizaña, y aunque transformados por el Espíritu Santo, queda algo de esa cizaña en nosotros con lo que debemos batallar. ¡Qué maravilloso poder descansar en que la maldad nunca podrá triunfar! La guerra ya está ganada, y nuestra victoria asegurada. Nuestro triunfo, el triunfo del cristiano, no recae en nosotros; sino en Dios, quien al final impartirá verdadera justicia y separará el trigo de la cizaña. Donde los que han sido justificados resplandecerán como el sol en el reino de Dios y los que sirven de tropiezo, y los que hacen iniquidad, los echarán en el horno de fuego. Mientras tanto, vivamos en esta vida juntos, pero no revueltos.

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