El Dilema de la Obediencia



““Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Libro de los Hechos 5:29

Hace unos días, una amiga de la red social “Facebook”, cuyo nombre es Vivian Janet, compartió una cita de Tim Bates, que lee de la siguiente manera: “¿Ir a la cárcel por tu fe? Algunos de ustedes ni siquiera van a la Iglesia por su fe”. Esa cita me puso a pensar por un buen rato, y me llevó a coincidir con Bates y con Vivian Janet.

Este pensamiento me llevó a plantearme algunas preguntas, como éstas: ¿Cuántos cristianos son perseguidos, encarcelados y muertos por su fe? ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a sufrir por causa de nuestra fe? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar con tal de obedecer a Dios? Todas estas preguntas y otras más volvieron a inquietarme a la hora de examinar el texto de Hechos que nos ocupa en la mañana de hoy. Estoy convencido de que es Dios mismo quien nos mueve a reflexionar sobre todas estas interrogantes, ya que por su gracia nos ha dejado en su Sagrado Registro historias como ésta que está delante de nosotros hoy.

Pero, ¡no nos equivoquemos! Éste no es el único pasaje que pinta un escenario en el cual seguidores del Señor tuvieron ante sí lo que podríamos llamar, El Dilema de la Obediencia. La historia de la relación de Dios con su pueblo, contenida en el Antiguo Testamento, trata justamente sobre el mismo tema traído en el capítulo 5 del Libro de los Hechos. Israel, como pueblo de Dios, tuvo siempre ante ellos el mandato divino de obedecer a su Señor antes que a cualquier otro. De manera que, este evento de persecución del que fueron objeto los apóstoles del Señor figura como uno más dentro de toda la historia del pueblo de Dios. Y, como cuestión de hecho, es la misma que ha acompañado a todos los verdaderos creyentes y seguidores de Cristo, tal y como Él mismo lo anticipó. El llamado a la obediencia a Dios constituye un dilema para el cristiano, justamente porque por nuestra naturaleza perseguimos nuestro bienestar, mientras que huímos del peligro. ¡Que Dios nos vuelva a conceder convicción y valor para obedecerle a Él, antes que a los hombres!

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