El concepto de uno mismo



Una vez dos ceros estaban discutiendo. Uno era alto y delgado, el otro chaparro y grueso. Argumentaban sobre cuál de los dos valía más. Cada uno trataba de realzar sus valores. El alto y delgado presumía que él era el mejor, y lo mismo hacía el chaparro y gordo. Alguien que los estaba escuchando les recordó que ambos eran “ceros” y que valían lo mismo, esto es, nada.

Algunas veces las personas piensan que lo que ellas hacen es más importante que lo que hacen otras. Ser diácono, dicen, es más importante que ser maestro. Ser hombre es más importante que ser mujer, etc. Pablo nos corrige esa tendencia al decirnos en 1 Corintios 3:6: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Y en Romanos 12:3; “Digo pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que nadie tenga más alto concepto de sí que el que debe tener…” Todos somos vasijas de barro y nuestra importancia está en que Dios se fija en nosotros y se digna en morar en nosotros.

Lecturas:


domingo, 25 de septiembre Lucas 14:11

lunes, 26 de septiembre Proverbios 11:2

martes, 27 de septiembre Romanos 12:3

miércoles, 28 de septiembre Efesios 4:1-2

jueves, 29 de septiembre Filipenses 2:3

viernes, 30 de septiembre Colosenses 3:12

sábado, 1ro de octubre Santiago 4:10

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