Dadores Bien Dispuestos



Se cuenta de un hombre rico que tenía fama de tacaño. Un día hablando con el pastor de su iglesia preguntó:

“¿Por qué la gente me acusa de tacañería, aunque saben que he dispuesto en mi testamento que cuando me muera, todo mi dinero quedará para obras de caridad?”

A lo que el pastor respondió contándole una fábula acerca de un cerdo y una vaca. El cerdo se quejaba de que no podía comprender por qué a la gente le gustaban más las vacas que los cerdos. Dijo el cerdo:

-Ya sé que ustedes las vacas dan leche a la gente. Pero nosotros los cerdos les damos tocino y jamón.

-Sí -dijo la vaca-, es cierto. Pero hay una gran diferencia. Nosotras las vacas nos sentimos contentas de dar mientras vivimos, pero ustedes los cerdos sólo dan después de morir.

Desde luego es encomiable incluir causas dignas en nuestro testamento, pero no a costa de no dar generosamente aquí y ahora. Lo que tengamos que hacer hagámoslo ahora, no lo dejemos para después de muertos. ¡Cuán complacido debió estar el Señor cuando los israelitas daban con tan buena disposición y generosidad para la construcción tabernáculo, hasta el punto de que Moisés tuvo que pedirles que no dieran más!

Recuerde que el Señor ama al dador alegre (2 Corintios 9:7). ¿Qué clase de dador es usted?



Lecturas:


domingo, 4 de septiembre Lucas 12:35-36

lunes, 5 de septiembre Salmos 24:1-2

martes, 6 de septiembre 2 Corintios 9:7-9

miércoles, 7 de agosto Proverbios 3:9

jueves, 8 de septiembre Mateo 6:19-21

viernes, 9 de septiembre Levítico 27:30-32

sábado, 10 de septiembre Romanos 12:1

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