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Algunas Reglas De Convivencia



“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.”

Evangelio según San Mateo 18:20


Dios, en su soberana sabiduría, ha puesto orden en todo lo creado. Así ha sido desde el principio de la creación. El día tiene su ciclo divinamente ordenado. El sol sale y calienta durante el día, y se oculta por las noches, hasta volver a salir unas cuantas horas más tarde. La semana tiene sus siete días. Y así, los meses, las estaciones y los años tienen su tiempo determinado. Aún en el reino animal, las distintas especies se comportan de acuerdo a un determinado orden, divinamente establecido.

En el ámbito familiar, Dios también estableció ciertas reglas que deben seguirse. El apego al cumplimiento de éstas, garantiza el orden, el buen funcionamiento y la preservación de la familia. Por otro lado, cada vez que nos resistimos a vivir bajo las reglas de convivencia familiar dadas por Dios, nos vemos abocados al fracaso y a la desintegración familiar.

Lo mismo sucede con la iglesia. Dios nos ha dejado una serie de reglas para la sana convivencia dentro del seno de la vida congregacional. Si nos dejamos guiar por ellas, el resultado será que tendremos una iglesia saludable, fuerte y eficaz en su misión. Pero, lo que es verdad para las relaciones familiares, lo es también para las relaciones entre las personas que formamos parte de la iglesia. Uno puede preguntarse, ¿por qué existen problemas dentro de las congregaciones? Si existen reglas para su sana convivencia, ¿por qué razón se generan conflictos? La respuesta a esta interrogante es sencilla y profunda, a la misma vez. Se generan conflictos porque nos resistimos a aceptar, como guías, las reglas que Dios nos ha dejado. Y en lugar de dejarnos guiar por esas reglas, optamos por imponer nuestro criterio propio. Una de las reglas más básicas tiene que ver con la manera en que manejamos la ofensa y el correspondiente proceso del perdón. Para esto, el Señor nos ha dejado unas guías claras y precisas en Mateo 18:15-20. Léelas, practícalas, y ya verás.

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