“¡Ahora me ves!... ¡Ahora no me ves!”



“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.

Libro de los Hechos 3:6

Seguramente, usted ha escuchado antes esta expresión: “¡Ahora me ves!... ¡Ahora no me ves!” La expresión, tal vez, nos hace pensar en algún acto de magia o de ilusionismo. De hecho, se han filmado un par de películas con el mismo concepto, tituladas: “Ahora Me Ves”, y la segunda “Ahora Me Ves 2”.

Pero, ¿qué les parece si miramos la expresión con otros lentes? ¿Qué les parece si la miramos, no como un acto de ilusionismo, sino más bien como un acto muy realista y de profundo sentido cristiano? Para ayudarnos a verlo de esta manera, utilizaremos los lentes que nos ofrecen las Sagradas Escrituras.

El pasaje que nos ocupa en esta ocasión es el relato que nos presenta Lucas relacionado con el primer milagro realizado por los discípulos de Jesús, luego de Pentecostés, y que se nos describe en detalle. Destacamos el hecho de que figura como el primero descrito en detalle; ya que antes de este milagro, Lucas nos dice que “muchas señales y maravillas eran hechas por los apóstoles”. Sin embargo, no se registran cuáles fueron. Así que, la sanidad del cojo de nacimiento de Hechos 3 debió ser una de esas muchas señales y maravillas.

Lucas nos presenta a Pedro y a Juan realizando un milagro extraordinario: la curación de un hombre con un impedimento para caminar desde su nacimiento. En dicho evento hay un par de elementos que nos parece dignos de destacar. Veamos. En primer lugar, cuando Pedro y Juan responden a la solicitud de limosna del cojo, le dicen: “Míranos”, con la clara intención de que aquel hombre prestara su atención a la señal milagrosa que estaba a punto de realizarse. En otras palabras, aunque el hombre estaba esperando la habitual limosna, en ese momento debía estar atento para recibir algo muchísimo más significativo y transformador que la entrega de cualquier cantidad de plata u oro. Por otro lado, una vez el milagro es realizado y la multitud pone su mirada en Pedro y en Juan, Pedro les respondió: “¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” Como vemos, Pedro le dijo al cojo míranos, para luego decirle a la multitud, ¿por qué ponéis los ojos en nosotros? Tal como ellos, deberíamos desarrollar la capacidad de hacernos visibles para servir e invisibles para recibir honor alguno. ¡Que Dios nos ayude!

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