¿Quién dijo que no se puede?

“Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.”

Libro del Éxodo 2:10

Escuchen, ustedes, la manera en la que el refranero popular recoge el pensamiento determinista o fatalista: “Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”. “A ése no lo salvan, ni las once mil vírgenes”. “El último mono siempre se ahoga”. Así, ha de haber otros tantos.

Esto me recuerda la historia de aquel hombre pesimista cuyo vehículo lo dejó varado con una goma vacía, una noche lluviosa, en medio de una carretera oscura. Tenía la goma de repuesto, pero no tenía ni un gato, ni la llave para cambiar la goma. En ese tiempo no había teléfonos celulares ni ningún otro aparato de comunicación. Sus únicas opciones eran: permanecer en el vehículo hasta que alguien se detuviera a socorrerlo o caminar hasta encontrar algún vecino del lugar que le prestara las herramientas necesarias. El pesimista, optó por la segunda. Así, que se puso una pequeña capa y comenzó a caminar en dirección a una casa distante, pero con una luz exterior encendida. En el trayecto, conversaba consigo mismo sobre lo que podía pasar una vez tocara la puerta. Decía: ¡Qué tonto soy! ¿Quién le va a abrir la puerta a un extraño, a estas horas de la noche y bajo esta incesante lluvia? Así fue todo el camino, hasta que tocó la puerta. No bien un hombre contestó desde adentro, el pesimista le ripostó con voz de enojo: “No me preste ningún gato, ni ninguna llave para cambiar la goma. Después de todo usted no me conoce y lo más seguro es que ni quiere ayudarme ni tiene lo que yo necesito. Mejor me voy y espero hasta que amanezca”.

Hoy comenzamos a compartir con ustedes, nuestras reflexiones sobre uno de los personajes bíblicos más trascendentales en la historia bíblica. Se trata de Moisés, quien supuestamente debió morir al nacer, no debió sobrevivir una vez echado a las aguas del río, no debió hallar nadie que lo encontrara, nadie que lo criara y nadie que lo adoptara como hijo en la casa de Faraón. ¿Saben qué? Todo esto sucedió, y mucho más. ¿Quién dijo que no se puede?

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