El motivo de nuestra alegría

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado”.

Éxodo 23:20

Leía en esta pasada semana, que la alegría tiene diferentes causas. A diferencia de la tristeza que se produce a partir de una causa dolorosa, por ejemplo: la muerte de un ser querido, un despido laboral, una decepción sentimental, una catástrofe natural, entre otros, la alegría surge ante un bien vivido en presente, es decir una experiencia bien vivida en forma de ahora. Ejemplo de ello puede ser: el amor correspondido; esto causa alegría, el placer, y no solo el placer sensible sino también, como dice Tomás de Aquino, el placer intelectual. Esto es: observar la belleza de una obra de arte, disfrutar la melodía de una música y disfrutar de una buena conversación. Además el tener buena salud y éxito en la vida nos puede llevar a tener alegría en la vida. Pero ¿Debe ser ese realmente el motivo de nuestra alegría?

Continuamos con el relato de la historia de Moisés, quien respondiendo al llamado y al mandato de Dios, ha sacado a su pueblo de Egipto y ya se encuentran en el desierto. Y allí vivieron experiencias maravillosas donde pudieron ver la gloria de Dios y la fidelidad de sus promesas. En momentos de encierro donde no había salida, Dios les abre camino y los libra de manos enemigas, en momentos de desesperación por solo tener aguas amargas para beber, Dios les da la respuesta. Tras padecer hambre, milagrosamente Dios los alimenta de día y de noche. Durante la guerra, Dios le otorga la victoria y al tener sed, de una peña Dios hace brotar agua para satisfacer las necesidades de su pueblo. Todas estas acciones de Dios, todas las bendiciones que de Dios recibían, el ver como Dios los libraba de los problemas y les resolvía sus problemas inmediatos eran momentos de suma alegría para el pueblo de Dios. Pero también debemos observar que en los momentos de adversidad el pueblo de Israel no tenían ni mostraban la misma actitud. El propósito de Dios no era sacar su pueblo de Egipto para dejarlos e el desierto, sino para llevarlos a una tierra prometida. Es por lo que ahora les promete que enviará su Ángel para que los guarde y los lleve al lugar que Dios les ha preparado. Otro motivo más para estar alegres.

¿Cuál debe ser el motivo de nuestra alegría? El recibir solo las bendiciones de Dios y saber que Él me protege y me librera de males. El motivo de nuestra alegría no debes ser las dádivas sino el dador de ellas. El motivo de nuestra alegría debe ser Dios mismo, quien nos llama y pone en nosotros tanto el querer como el hacer. Por tanto, el motivo de nuestra alegría debe ser que, al reconocer a Dios como Señor de nuestras vidas tenemos el privilegio de adorarle y servirle.

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