La fe viene con prueba incluida.

July 28, 2020

“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí”.

Libro del Génesis 22:1

                                    

     En el noreste de los Estados Unidos, la industria de la venta del bacalao es una muy próspera. Ahora bien, ante el reclamo de expansión del mercado al resto de la nación, particularmente los estados más distantes de la costa noreste, la industria comenzó el proceso de envío del preciado pescado. Al principio, se empezó a enviar el pescado congelado, pero resultó que el proceso de congelación le restaba bastante sabor al bacalao. Entonces, decidieron comenzar a enviar el bacalao vivo, en grandes estanques de agua salada, pero los resultados fueron aún peores. El pescado no sólo perdía sabor, sino que la textura se tornaba demasiado blanda y babosa.

     Finalmente, una idea muy ingeniosa resolvió el problema. Se estudió y analizó el ambiente típico del bacalao, y se encontró que éste tiene un enemigo natural. Éste enemigo natural es el pez gato o bagre. Así, que decidieron colocar dentro de los enormes tanques, tanto al bacalao como al pez gato. De esta manera, desde que la carga salía de la costa noreste hasta su destino final, el bacalao se mantenía en el constante movimiento que provocaba uír de su enemigo natural. Eso trajo como resultado que el animal conservara las mismas características que tenía cuando se consumía totalmente fresco. En todo caso, lo que sucedía algunas veces era que mejoraba la calidad del producto.  

     La Sagrada Escritura nos narra la historia de la relación de Dios con su siervo Abraham de una manera realmente magistral y aleccionadora. Tal y como hemos podido ver, la historia comienza con un llamado divino a un arameo que adoraba dioses extraños. A éste, casado con una mujer estéril, le promete una abundante descendencia. Cuando, luego del intento fallido y desobediente de ayudar a Dios a cumplir su promesa, Ismael, el hijo de la esclava es descartado y despedido; Dios finalmente cumple su promesa, permitiendo que Sara quedara embarazada y diera a luz a Isaac. Es entonces, que Dios pone a prueba la fe de Abraham, pidiéndole que ofrezca en sacrificio a su único y amado hijo Isaac. La pregunta obvia sería, ¿cómo podía ser consistente tal petición cuando la promesa “dependía” justamente de Isaac y su descendencia? Resulta que, precisamente, en eso consiste la prueba. El fin de la prueba no consistía en demostrar a Dios cuán capaz sería Abraham de obedecerle. La prueba serviría para fortalecer la fe de Abraham y del propio Isaac. Con nosotros será igual. Dios proveyó entonces y más tarde entregaría a su propio único y amado Hijo, y con Él, la fe con prueba incluida.

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