Un Mandamiento, Varias Vías.

“Aquél respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.”

Evangelio según San Lucas 10:27


Se dice que el amor es el sentimiento que más se atesora, el que más se anhela y se tiene en la más alta estima. Es el sentimiento al cual se le han dedicado más canciones y poemas. Innumerables historias han sido inspiradas por él y hasta novelas completas vemos donde al final el amor siempre triunfa. A él se deben las celebraciones de fechas importantes como los aniversarios en las parejas, entre otros. A este sentimiento del amor le dedicamos meses y hasta un día entero tenemos en nuestro calendario exclusivo para él. Podríamos decir que el amor se ha puesto de moda y lo tenemos como el valor más importante para hacer las cosas bien, pensando que el amor lo cambia todo. Es romántico cuando vemos el amor desde esa perspectiva, pero el amor es mucho más que eso; es una decisión, es un mandato de Dios.

Esto se deja claro cuando en el evangelio según Lucas, un intérprete de la ley quiso poner a prueba a Jesús, preguntándole qué debía hacer para heredar la vida eterna. Respuesta que ya él sabía de antemano, pues ante la pregunta de Jesús, ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?, el intérprete de la ley respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y al prójimo como a ti mismo. En esencia, vemos en su respuesta el mandato del amor. Primero a Dios, a quien debemos amar con todo nuestro ser; con un amor consciente donde no haya nada que dejemos fuera de nosotros para amarlo como sólo Él merece. Un amor que responda de igual manera a quien nos amó primero. Luego el amor propio, el que debe estar en función y verse reflejado en el amor al prójimo; es decir, al cercano, al vecino, al amigo, al necesitado, al extraño, al indefenso, al marginado, a todo aquel a quien Dios ponga en mi camino. No sé si esa era la respuesta que esperaba el intérprete de la ley al preguntarle a Jesús, ¿quién es mi prójimo?

Con la parábola del buen samaritano Jesús nos invita a la reflexión al preguntar ¿quién de los tres que bajaron por el camino y vieron al que fue atacado por los ladrones fue su prójimo? ¿cuál de ellos se comportó como tal? Si estamos de acuerdo al decir cómo el intérprete de la ley: “el que usó de misericordia con él”, sabemos quién es nuestro prójimo y como debemos comportarnos. La pregunta es, ¿haces tú lo mismo?

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