La avaricia.

Se cuenta de un anciano que, queriendo dar una lección a sus vecinos, puso un anuncio en un campo de su propiedad que decía: “Se lo regalo a cualquiera que se sienta satisfecho.”

Un granjero rico lo leyó, al pasar por allí, y pensó: “Dado que mi vecino y amigo va a dar ese campo, yo tengo tanto derecho a recibirlo como cualquiera. Soy rico y tengo todo lo que necesito, así que estoy calificado para recibirlo.”

Se acercó a la casa de su vecino y cuando el anciano apareció en la puerta, le explicó la razón de su visita.

-¿Se siente usted realmente satisfecho? -preguntó el propietario del terreno.

-Sin duda que sí -respondió el granjero. Tengo todo lo que necesito y estoy plenamente satisfecho.

-Mi amigo -contestó el otro-, si usted está de verdad satisfecho, ¿por qué quiere mi campo?

La pregunta revelaba que la avaricia estaba oculta en el corazón del granjero. El problema básico con las riquezas materiales es que nunca satisfacen del todo, siempre se quiere más.



Lecturas:


domingo, 14 de junio Deuteronomio 10:14

lunes, 15 de junio Salmos 95:1-7

martes, 16 de junio Salmos 24:1-2

miércoles, 17 de junio Éxodo 9:22-29

jueves, 18 de junio 1 Crónicas 29:11

viernes, 19 de junio Salmos 47:5-10

sábado, 20 de junio Romanos 11: 33-36


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