Reportande desde Pentecostés

June 1, 2020

 “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”

 

Hechos de los Apóstoles 2:2-3

 

                                   

     Todo buen reportero procura presentar sus informes desde el lugar de los hechos. Cuando no le es posible ser un testigo ocular, busca el testimonio de quienes sí estuvieron en el lugar de los hechos. Otro elemento que un buen reportero toma en consideración es transmitir adecuadamente lo que está sucediendo, de forma tal que su audiencia comprenda claramente el contenido de su reportaje.

     Ese es el caso en la historia del derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Lucas, el médico, el evangelista y el historiador funge aquí como un reportero. No estuvo presente en aquel primer día de Pentecostés cristiano, (Se viene a unir a la labor de los Apóstoles en el segundo viaje misionero de Pablo, en el capítulo 16 de los Hechos.) Sin embargo, se ocupa de narrar, con lujo de detalles, todo lo acontecido aquel día. Esos detalles podían parecer muy claros para buena parte de sus primeros lectores, pero tal vez no para muchos de nosotros. Veamos cómo algunos de esos detalles nos ayudan a entender el reporte de Lucas desde Pentecostés. Veamos.  

     Jesús ordenó a sus apóstoles y demás discípulos permanecer en Jerusalén hasta la Fiesta de Pentecostés con un propósito predeterminado. Ésta era la segunda gran fiesta judía, y recordaba la entrega de los primeros frutos y la entrega de la Ley en Sinaí. Ese día se estarían recogiendo los primeros frutos de la proclamación del mensaje cristiano (3,000 conversiones) y se estaría entregando el resumen de la revelación del nuevo pacto, que se inauguraba con la muerte, resurrección y ascensión victoriosa de Cristo. Por otro lado, las lenguas repartidas aquel día servían para revertir la historia de la Torre de Babel. Allí, Dios repartió lenguas para confundir a los hombres y frustrar su pretención de endiosarse. Aquí, Dios repartió lenguas para hacer entendible su mensaje y anular la separación entre las naciones, uniéndolos bajo la cruz de Cristo. ¡Cuánta falta nos hace entender el reportaje desde Pentecostés!

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