Vuelve el perro arrepentido

April 27, 2020

“Y les dijo: Éstas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Evangelio según San Lucas 24:44

                                    

     ¿Recuerdan ustedes al Chavo del Ocho? En cada fiesta que se celebraba en la vecindad, el pobre niño huérfano pedía participar recitando un poema. El título de éste era: “El Perro Arrepentido”. Allí, se contaba la historia de un perro que tras haber sido regañado por su amo, viene hasta donde él buscando su perdón. El poema decía así: “Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas; con el hocico partido, con el rabo entre las piernas”. Todo esto era dramatizado por el Chavo, con un tono de verdadero dolor, que mostraba el arrepentimiento del perro.

Una vez terminaba el acto de recitación, todos aplaudían al Chavo, entendiendo que ya había concluido. Pero, éste volvía a recitar el mismo poema, una y otra vez; pues alegaba que el mismo requería ser repetido unas 23 veces. Lo más gracioso de la historia no era la dramatización

del poema, sino la repetición de éste. ¿Qué conseguía la repetición? Que todos se aprendieran el poema.

     El relato que Lucas nos presenta sobre la aparición de Jesús a sus discípulos en Lucas 24:36-49 me hizo recordar al Chavo del Ocho. Particularmente, porque allí se vuelve a repetir un mensaje sobre el cual se ha venido insistiendo a lo largo de la segunda mitad del ministerio de Jesús. Nos referimos al anuncio de su pasión, muerte y resurrección. Al menos, en este evangelio se ha hecho referencia al mismo en varias instancias: Lucas 9:22, 44; 13:33; 17:25; 18:31-33; 24:7 y 24:26. De hecho, el texto de Marcos 8:31 dice literalmente: “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”. La frase, “comenzó a enseñarles”, implica una acción continua y repetitiva. Claro está, ninguno de los discípulos lo entendió sin importar la cantidad de veces en las que se les repitió el anuncio. Sin embargo, una vez el Señor “les abrió el entendimiento”, no sólo recibieron la capacidad de entenderlo, sino también de recordar todas las veces en que se les había dicho. ¿Qué aprendemos de esto? Creo que muchas cosas, pero la que hoy quisiéramos destacar más es la paciencia del Señor, repitiéndonos lo que toda la Escritura nos venía anunciando con respecto a la necesidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, una y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez…

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