Salvación y vida

Los que visitan el Vaticano en Roma buscan la Capilla Sixtina donde contemplan maravillados los restos de Miguel Ángel Buonarroti que se extienden sobre el cielo raso. El panel más famoso representa La creación del hombre. A la izquierda está la figura de Adán, considerada la representación más perfecta jamás pintada de la forma humana. El cuerpo de Adán languidece de costado, expectante pero inerte, esperando la chispa que lo despierte a la acción. El ojo sigue la forma del cuerpo hasta el foco del dedo de Adán, colgado pasivamente en el extremo del brazo extendido. A la derecha está la figura de Dios, emanando tanto poder que parece estar moviéndose por el cielo raso. Aquí también el foco es el dedo de Dios en el extremo del brazo extendido, ¡pero con qué diferencia! El dedo divino está tenso, con poder al ir al encuentro del dedo inerte de Adán.

El artista capturó el encuentro divino-humano en el momento del contacto en el cual se transfiere vida del Creador a la criatura. Al hacerlo, Miguel Ángel representó en forma dramática la respuesta de las Escrituras a la cuestión central de nuestra existencia. Más que cualquier otra cosa estamos buscando la vida, no sólo la vida física sin la cual languidecería nuestra alma, como lo hizo la de Adán aún dentro de su físico magnífico. Por eso aborrecemos una iglesia “muerta” o una fiesta “sin vida” o un matrimonio “vacío”. Siempre necesitamos vida, tan urgentemente como necesitamos aire para respirar, porque vida es sinónimo de energía, vitalidad, y fuerza. A cada persona que busca una existencia dinámica, la Biblia declara lo que Miguel Ángel pintó: ¡Dios tiene un toque que puede animar el mismo meollo de nuestro ser y darnos vida!

Esa sencilla palabra de cuatro letras, vida, es un concepto tan central y comprensivo que es usada en las Escrituras como sinónimo de la salvación. El dicho de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10), es equivalente a decir: “Yo he venido para que tengan salvación, y para que la tengan en abundancia”. En el evangelio de Juan, el uso de vida por salvación está elaborado en la enseñanza de que Jesús es “la vida” (14:6), de ahí que las palabras que habló, ofrecen espíritu y vida (6:63) y si las aceptamos nos dan vida que es “eterna” (3:15, 16, 36). En otros pasajes del Nuevo Testamento, Pablo hizo un paralelo entre estas declaraciones al observar que Cristo es nuestra vida (Col. 3:4), que su evangelio es la “Palabra de vida” (Fil, 2:16) y que somos resucitados en el bautismo para que “andemos en vida nueva” (Rom. 6:4) Con razón J.B. Ligtfoot comentó que el cristianismo en esencia no es ni un sistema dogmático, ni un código de ética, sino una Persona y una Vida


Lecturas:


domingo, 5 de abril Deuteronomio 5:22-33

lunes, 6 de abril Deuteronomio 31:1-8

martes, 7 de abril Juan 8:12-20

miércoles, 8 de abril 2 Tesalonicenses 3:1-5

jueves, 9 de abril Deuteronomio 13:1-5

viernes, 10 de abril Marcos 8:31-38

sábado, 11 de abril Gálatas 5:25-26

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