El principio del fin.

April 6, 2020

“Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras Él.”

 Evangelio según San Juan 12:19

                                   

 

 

     El muy reconocido comentarista bíblico William Barclay, en su libro sobre las Cartas a los Corintios, presenta la siguiente anécdota. Una vez vi una caricatura de marcianos que observan a los terrícolas corriendo de un lado para otro, atareados haciendo nada. Uno de los marcianos dice: “¿Qué están haciendo?” El otro le contesta: “Están yendo.” El primero dice: “Yendo, ¿a dónde?” El segundo responde: “Ah, no están yendo a ninguna parte; simplemente están yendo.”

     Al mirar el comportamiento generalizado de muchos seres humanos, pienso en esta caricatura. Uno puede observar a la gente yendo de un lado para otro, esforzándose y afanándose por conseguir. ¿Conseguir, qué? Conseguir satisfacer sus apetitos, satisfacer lo que consideran necesidades o llenar algún vacío existencial que parece no tener fondo. Por otro lado, creo que si fueran honestos con ellos mismos y con los demás, la mayor parte de ellos deberían admitir que luchan inútilmente.

     Pensaba en esto, cuando examinaba el texto del evangelio según San Juan relacionado con la entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén. Me parece que Juan nos invita a realizar una reflexión que los demás evangelistas no anotan. Me refiero a lo que reseña en el versículo 19, donde luego de narrar lo acontecido en aquel momento de aparente triunfo, nos dice: “Entonces los fariseos se dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras Él.” Aunque reconocemos que lo que generó aquella reacción de euforia multitudinaria fueron sus expectativas triunfalistas, no hay dudas de que en el comentario de los fariseos está contenida una importante carga teológica. Nos referimos al hecho de que sabemos de los esfuerzos de éstos por detener el avance de la causa de Cristo. En varias ocasiones previas lo habían tratado de arrestar, pero en todas ellas Dios se los había impedido. Luego, tras la resurrección de Lázaro, conspiraron para matarlo, pues por causa del milagro muchos judíos se apartaban de su tradición y creían en Jesús. Con toda razón, entonces, miraban con frustración la manera en que la popularidad de Jesús continuaba en aumento. De igual forma, hoy día, los enemigos de la fe tendrán que ver cómo cada una de sus malas intenciones terminan siendo un esfuerzo inútil. El avance del reino y los propósitos de Dios son indetenibles.

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