Credenciales divinas.

March 9, 2020

                “Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: ‘Tu hijo vive’; y creyó él con toda su casa.”

Evangelio según San Juan 4:50, 53

                                    

     Alberto es un hombre muy pintoresco. Cierto día, compartió conmigo sobre los distintos trabajos que había realizado en su vida profesional. Me dijo que uno de los trabajos que había realizado fue con el Municipio de Mayagüez. Allí dirigió un Departamento en particular. Le pregunté cuál era el mismo, y me contestó: “Pastor, conociéndome usted bien, ¿cuál piensa que sería el mismo?” “Pues, francamente no sabría qué decirte”, le contesté. Finalmente, me aclaró que dirigía el Departamento de Asuntos Sin Importancia.

     Luego de escuchar el relato de Alberto, recordé el refrán que reza así: “Dicen que por la maleta se conoce al pasajero”. Alberto tenía tan buena autoestima que no necesitaba ser reconocido con grandes títulos. Él era capaz de reconocer sus virtudes tanto como sus limitaciones. Y una de sus virtudes consistía en ser una persona realmente genuina. El Departamento de Asuntos Sin Importancia no existía, pero sí existía la mala práctica de colocar personas poco importantes en puestos sin importancia.

     El día de hoy nos acompaña una porción del Evangelio de Juan en el que las credenciales de Jesús fueron puestas a prueba. La ocasión sirve para traer ante nuestra atención el tema de los prodigios y señales. Cabe destacar que desde el relato de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, Dios utilizó los prodigios y señales como credenciales de la autoridad conferida a su siervo Moisés. En la historia que Juan nos trae en su Evangelio, Jesús mismo indica lo siguiente: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis”. Luego, sana en la distancia al hijo de un oficial del rey. Resulta, entonces, que cuando el oficial llega a su casa, encuentra que su hijo había sido sanado justamente a la misma hora en la que Jesús había pronunciado las palabras: “Vé, tu hijo vive”. El mayor prodigio no fue la sanidad del hijo del oficial, sino que por medio de aquel prodigio tanto él como toda su casa creyeron en Jesús. Lo cual implica que aceptaron el prodigio como una señal de las credenciales divinas de Jesús. Y tú, ¿qué crees con respecto a Jesús?  

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