Sin Barreras

January 21, 2020

“La mujer samaritana le dijo: Cómo Tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.”

Evangelio según San Juan 4:9

                                   

     El juez bajó del estrado, se acercó al hombre que estaba siendo considerado para formar parte del jurado y le preguntó: “¿Cuál es la razón por la que usted se niega a formar parte del jurado?” El hombre le contestó: “Mire, su señoría, y con todo el respeto; la razón es que yo no voy a poder juzgar con imparcialidad. Con sólo mirar a ese hombre, ya uno sabe que es culpable”. “¿A quién se refiere usted?”, preguntó el juez. El hombre le contestó: “¿A quién va a ser? A ese que está ahí sentado”. Entonces, el juez le contestó: “Ese hombre no es el acusado. Ese es el fiscal del distrito”.

     ¡Vaya prejuicio! La verdad es que el candidato a jurado no era imparcial para nada. No sólo emitió un juicio “a priori” sino que también lo hizo a la persona equivocada. Algo vio en los rasgos físicos del fiscal de distrito que le hizo juzgarlo equivocadamente. De la misma manera se establecen prejuicios por razones de sexo, origen étnico, edad, color de piel, posición social, preferencias políticas y muchas más.

     El encuentro de Jesús con la samaritana pone ente nuestra consideración este tema de los prejuicios y las barreras que, como consecuencia, solemos levantar los seres humanos entre nosotros mismos. La historia de las relaciones entre judíos y samaritanos es bastante extensa. Por tal razón, destacaremos aquí sólo de manera somera las razones básicas por las que existían unas barreras entre estos dos pueblos, que en un tiempo fueron uno solo. Eventualmente éstos se dividen en dos: el reino del norte y el reino del sur. Cuando el reino del norte cae, sus pobladores son expatriados, más tarde regresan para repoblar el lugar, mezclándose con los pueblos que habitaban allí. Esto trajo como consecuencia que los habitantes del reino del sur comenzaran a tratar a los del reino del norte, (ahora conocido como la región de Samaria), como gente impura o pagana. Ese es el trasfondo sobre el cual Jesús trabaja con la mujer samaritana y eventualmente con todos los habitantes de la ciudad de Sicar. De esta manera, le enseña una importante lección no sólo a los samaritanos sino también a sus discípulos y a su Iglesia. ¡Que Dios nos ayude, por medio de Cristo, para que  podamos derribar barreras!

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