Un Corazón

December 23, 2019

   “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

Evangelio según San Lucas 2:19

                                   

     La línea de reflexiones que hemos adoptado este año, para la estación de Adviento, nos ha abierto una puerta de posibilidades extremadamente amplia e interesante. Como saben, hemos decidido explorar algunos de los símbolos asociados a la Natividad de nuestro Señor. En virtud de ello, vimos la estrella, no sólo como el instrumento que Dios utilizó para guiar a los magos hasta Jesús, sino también como el cumplimiento de una profecía muy antigua que anunciaba la aparición de un Rey único, llamado Estrella de Jacob. Luego, tuvimos la oportunidad de mirar el símbolo de la paloma, como señal del regreso de los escogidos de Dios, guiados por Él mismo, a través de Jesús y el Espíritu Santo.

     Hoy, tendremos la oportunidad de reflexionar sobre un símbolo, no tan asociado a la Natividad, pero sí muy utilizado en otras imágenes bíblicas. Se trata del corazón. En términos de la concepción de las Sagradas Escrituras, cuando se habla del corazón, se puede referir a varios conceptos tales como: el órgano del cuerpo, la mente, el interior o la esencia de algo, el alma, la personalidad o el ser interior de cada humano, la voluntad, las emociones y el centro de la conciencia o el carácter moral de las personas.

     En el versículo que hoy nos ocupa, Lucas nos dice que María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón. ¿A qué cosas se refería Lucas? Seguramente se refería a todo lo extraordinario que le había ocurrido, desde el anuncio angelical tanto a ella como a José por separado, la decisión de José de no abandonarla, el encuentro con Elisabet, las condiciones en las que se dio su alumbramiento y el testimonio de los pastores, entre otros. Puede imaginarse usted el impacto que todo esto debió haber tenido en María. Ahora bien, debe llamarnos la atención su reacción a todo lo acontecido, al punto de que Lucas lo destaca no sólo aquí sino también en Lucas 2:51, tras la primera visita de Jesús al templo en Jerusalén. Lucas no sólo nos dice que María guardaba todas estas cosas, sino que también meditaba sobre ellas. La palabra que se traduce por meditar implica una reflexión que permite colocar cada evento en su lugar, lo cual permite entenderlo desde la perspectiva de un plan divinamente trazado.

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