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¡Se Colmó La Copa!

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“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Evangelio según San Juan 3:16

 

     Dos Personas de la Trinidad ya han sido mencionadas en el diálogo entre Jesús y Nicodemo. En primer lugar, es necesario que el Espíritu Santo produzca en nosotros el imprescindible nuevo nacimiento, haciendo posible nuestra entrada al reino de Dios. En segundo lugar, se nos dice que también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado; es decir, que sea colgado en la cruz, levantado de entre los muertos y ascendido eventualmente al trono eterno. Y ahora, ¡Se colmó la copa!

     ¿Quién nos faltaba? Nada menos que el Padre. Fue su amor por los suyos lo que permitió la única y necesaria entrega de su unigénito Hijo. De modo que podemos ver aquí la manifestación de la intervención divina en su máximo esplendor. Y, ¿cómo se manifiesta esta intervención divina en su máximo esplendor? Pues, como sería de esperarse, en el cumplimiento del propósito eterno de salvar a los suyos, que habían sido “mordidos” por la serpiente antigua.  

     ¿Se ha fijado, usted, en la manera tan clara en que se nos revela tanto el origen, como el modo, y el agente de nuestra redención? El origen es el amor eterno de Dios el Padre, quien envió a su Hijo, de su misma esencia divina. El modo fue la encarnación, muerte en la cruz, resurrección y ascensión. Y el agente de nuestra salvación es el Espíritu Santo, quien produce en nosotros el nuevo nacimiento y aplica en nosotros los beneficios de la perfecta justicia de Cristo. Entonces, y sólo entonces, todo aquél que en Él cree, no se pierde, mas tiene vida eterna. No es posible beber de una copa sin contenido. La copa tiene que llenarse, es decir, tiene que colmarse. Y se colma sólo cuando Dios interviene de principio a fin, haciendo posible y segura nuestra salvación eterna. De otra forma, permaneceríamos en nuestra condición de muerte y condenación espiritual, tal y como le dice Jesús a Nicodemo: “El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. La copa se colmó y está servida, para que todo aquél que Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. ¡Que así nos ayude Dios!

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