El Puerco Y El Cordero

Hay un viejo cuento acerca del puerco y el cordero. Un agricultor llevó un puerco a la casa. Lo bañó, aseó las patas, le roció con un perfume muy fino, en su cuello puso un adorno y le dejó entrar en la sala. El puerco tenía un aspecto magnífico. Estaba tan limpio y fresco que parecía que iba a ser aceptado en la sociedad y entre los amigos. Durante algunos momentos fue un animal domesticado y muy correcto. Pero tan pronto se abrió la puerta, el puerco salió de la sala y se metió al primer lodazal que encontró. ¿Por qué? Porque todavía era puerco. Su naturaleza no había cambiado. Había un cambio exterior, pero el interior era el mismo.

Considera el cordero por otro lado. Coloca al cordero en la sala y luego mándalo al patio; hará todo lo posible para evitar todos los charcos. ¿Por qué? Porque su naturaleza es la del cordero.

Puedes vestir a un hombre muy bien y colocarlo en la primera fila de la iglesia, y casi parece un santo. Podría engañar a sus amigos por un tiempo; pero colócalo en su despacho, en su casa, o en el club del sábado por la noche, y te darás cuenta de que manifestará su verdadera naturaleza. ¿Por qué se porta así? Porque no ha cambiado de naturaleza. No ha nacido de nuevo.


Lecturas:


domingo, 20 de octubre 2 Corintios 5:11-21

lunes, 21 de octubre Gálatas 6:11-16

martes, 22 de octubre Efesios 2:1-10

miércoles, 23 de octubre Romanos 6:1-14

jueves, 24 de octubre Colosenses 2:8-15

viernes, 25 de octubre Colosenses 3:1-4

sábado, 26 de octubre Efesios 4:17-25

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