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Una Ley Superior

August 27, 2019

“Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.”

Evangelio según San Lucas 13:12-13

 

 

     ¿Ha oído hablar, usted, de la Ley de Lynch? Se denomina así a la salvajada que supone que unos ciudadanos se erijan en jueces sin más ni más y apliquen la pena capital, según su particular criterio. Se ha escrito mucho acerca de tan bárbara costumbre. Lo más probable es que proceda de un juez de paz en Virginia, que a su vez era un oficial militar en tiempos de la guerra por la independencia de los Estados Unidos de América. Su nombre era Charles Lynch, quien al terminar la guerra se dio a colgar, con gran entusiasmo, a todos los que él pensaba que no eran leales a su causa; todo esto al margen de las leyes del país. Con toda probabilidad, de allí nos viene el concepto de “lynching”, en inglés, y en español, linchamiento.

     Lamentablemente, esta realidad histórica tiene muchos antecedentes, y también muchas secuelas. Esto nos debe plantear varias interrogantes y, a su vez, un gran reto. Algunas de las interrogantes deben apuntar hacia la raíz de tal tipo de comportamiento; a lo cual la teología reformada responde muy fácilmente. La raíz de ello es la corrupción del ser humano caído. El gran reto que se nos plantea es, cómo manejamos una correcta interpretación y aplicación de la ley.  

     El sector del pueblo judío que mayores conflictos tuvo con nuestro Señor lo fue justamente aquél que estaba a cargo de administrar la ley. Como cuestión de hecho, su interpretación y aplicación de la ley que Dios le había entregado fue el instrumento que utilizaron para condenar a muerte a Jesús. El aspecto de esa ley que mayores conflictos generó entre ellos y Jesús, tenía que ver con el cumplimiento de todas las regulaciones relacionadas al día de reposo. La historia que se nos refiere en esta parte del capítulo 13 del Evangelio según San Lucas tiene que ver con la sanación, en día de reposo, de una mujer que por 18 años había estado encorvada. Luego de Jesús haber sanado a la mujer, el principal de la sinagoga le acusó delante de todos los presentes porque, supuestamente había quebrantado la ley del día de reposo. Ante tal acusación, Jesús señaló la hipocresía de aquel supuesto “guardián” de la ley de Dios; toda vez que su aplicación con respecto a la observancia de la ley, colocaba a la vida animal por encima de la vida humana. La verdadera ley de Dios era muy superior a la ley de los hombres. ¡Que Él nos ayude a entenderlo!

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