Oraciones Inconsecuentes

Un Padre dio gracias por los alimentos, como solía hacerlo. Con un lenguaje piadoso agradeció a Dios su provisión y generosidad. Pero cuando comenzó a comer se quejó de la calidad y de cómo estaban preparados. Su hija adolescente la interrumpió:

-Papá, ¿Crees que Dios ha escuchado tu oración?

-Desde luego -replicó él confiado.

-¿Y crees que ha oído también tus quejas acerca de los alimentos? -insistió ella.

-¡Pues claro que si! -contestó con vehemencia.

-Entonces, ¿Cuál de las dos cosas se ha creído Dios?

Su rostro enrojecido reveló que la atinada pregunta de su hija le había llegado al corazón.

Muchas veces nuestras oraciones no son otra cosa que puro parloteo. Decimos palabras bonitas que salen de nuestra cabeza, pero que no pasan por el corazón. Muchas de nuestras oraciones públicas son pomposas, extensas y detalladas; y nuestras oraciones privadas son todo lo contrario: anémicas y gastadas. Nos olvidamos que nuestras palabras deben ser consecuentes con nuestra vida.


Lecturas:


domingo, 17 de marzo Romanos 8:26-30

lunes, 18 de marzo Salmos 10:12-18

martes, 19 de marzo Zacarías 7:10-14

miércoles, 20 de marzo 1 Timoteo 2:1-7

jueves, 21 de marzo Colosenses 3:5-17

viernes, 22 de marzo 1 Tesalonicenses 5:12-22

sábado, 23 de marzo Filipenses 4:1-9


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