Tiempo Oportuno

February 20, 2019

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir.”

Libro de Eclesiastés 3:1-2a

 

     En la noche de hoy nos corresponde recordar a una persona única. Puedo recordar muy bien las muchas ocasiones en las platicamos sobre los detalles relacionados a su Servicio Memorial. En su rol de diaconisa y como fiel miembro de nuestra congregación, participó de muchos de estos Servicios. Recuerdo que me decía: “Pastor Rivera, cuando yo me muera no quiero que la gente esté triste. Yo voy a dejar todo escrito, y me hace el favor de cantarme el himno: “El que Habita Al Abrigo De Dios”. Recuerdo que la primera vez que hablamos sobre el asunto, le contesté sonriendo: “Bueno, no te cantaré a ti, porque ya tú vas a estar con el Señor; pero sí cantaré pensando en ti”.

     Pasó un buen tiempo desde la última vez que platicamos sobre el tema, y ¿qué descubro tras su partida física? Que efectivamente, había dejado todo escrito; incluyendo un capítulo del libro de Eclesiastés con una nota que leía “Mi pensamiento”. Sin dudas, quiso dejarnos saber que Eclesiastés 3 recogía su manera de pensar con respecto a la vida: Todo tiene su tiempo.

     Entonces, pensé: “Nérida no me dejó muchas opciones, pero con la selección del pasaje y con su manera de ver y vivir la vida, sí nos dejó una gran lección. Salomón es el escritor del libro de Eclesiastés, cuyo título quiere decir literalmente: “el que convoca”. En el contexto del pueblo judío se interpretaba como aquél que reúne a la gente con el fin de compartir proverbios o enseñarles. Aunque con cierto tono de frustración ante la realidad de que, en términos generales, cada buena experiencia vivida tiene su contraparte, Salomón concluye afirmando lo siguiente: “He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de Él teman los hombres”. En pocas palabras, aunque el escritor bíblico reconoce la realidad de que la vida consiste en vivir sujetos a los vaivenes del tiempo, reconoce también que el ser humano debe aprender a descubrir que el tiempo oportuno es el de Dios, en quien no hay sombra de variación. ¡Que así nos ayude Dios!

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