Dignamente


“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.”


1ra Epístola a los Corintios 11:27-28


En cierta ocasión un policía detuvo al conductor de un automóvil. Se bajó de la patrulla y le pidió la licencia de conducir y la licencia del vehículo. Las estuvo examinando con mucho detenimiento y luego se acercó al conductor, al cual miró fijamente a los ojos. Éste último, le preguntó entonces al oficial la razón por la cual lo estaba deteniendo. El oficial policíaco le contestó: “Usted venía conduciendo tan y tan correctamente, que llegué a sospechar que algo andaba mal con el registro del vehículo o con su licencia para manejar. Debo decirle que usted venía manejando con toda la dignidad de una persona a la que se le concede licencia para correr por nuestras calles. Puede usted irse. ¡Que tenga un buen día!”

El adjetivo “digno” se refiere a aquello que corresponde, está en consonancia o guarda proporción con las cualidades o méritos de cierta persona u objeto. El verbo dignarse, el sustantivo dignidad, el adjetivo digno o el adverbio dignamente, en las Sagradas Escrituras, se utilizan con bastante frecuencia. Sus distintos usos, generalmente tienen una connotación relacionada con Dios mismo y con cualquier actividad realizada por los seres humanos vinculados con Él.

En el capítulo 11 de su primera Carta a los Corintios, el apóstol Pablo reprende a la iglesia en aquel lugar por haber estado cometiendo un error que, definitivamente, requería ser corregido. Este error tenía que ver con la manera en que algunos miembros de la iglesia estaban participando de la Cena del Señor. El contexto en el que se participaba de la Cena era el de una comida fraternal. Aparentemente, muchos habían hecho de la Cena del Señor una comida más, en la cual cada cual buscaba satisfacer su propio apetito, olvidando así el profundo significado que debía tener para la Iglesia y para las generaciones futuras el participar de la misma. Es por esta razón por la que aparece en este capítulo la primera referencia escrita con respecto a la institución de lo que más tarde la Iglesia reconocería como el Sacramento de la Santa Cena. Allí, Pablo lanza una advertencia a todo aquél que se acerque a la Mesa de manera indigna. Entonces, ¿qué significaría participar de la Mesa dignamente? Significa hacerlo con entendimiento y comprensión que estén a la altura del sacrificio representado en la Mesa misma. ¡Que Dios nos ayude a venir a su Mesa dignamente!


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