Todos iguales en la mesa del Señor

La historia del rey Arturo y su mesa redonda ha sido una inspiración para muchos a lo largo de los años. La leyenda dice que Arturo llegó a ser rey a causa de extraordinarias demostraciones de poder. Como rey, Arturo llegó a darse cuenta de que el verdadero poder no estaba en la fuerza sino en el derecho y la justicia. Basado en estos conceptos, surgió una famosa tabla o mesa redonda. En esta clase de mesa nadie se siente el primero o el último porque no hay lugar de privilegio: todos son iguales, sin distinciones.

La mesa del Señor es también como una mesa redonda.

Nadie puede reclamar superioridad sobre los demás, porque todos están allí por dos razones: son pecadores y están invitados.

Existen sin embargo, algunos requisitos para poder participar. Por esto Pablo urge a los corintios a que se examinen a sí mismos antes de compartir el pan y el vino. De manera que al sentarnos a la mesa del Señor debemos hacernos a nosotros algunas preguntas importantes y responderlas con toda sinceridad. Sólo esa actitud de corazón abierto y transparente nos permitirá participar dignamente.

Lecturas

domingo, 13 de enero Lucas 22:19-30

lunes, 14 de enero Mateo 26:26-29

martes, 15 de enero 1 Corintios 11:17-34

miércoles, 16 de enero 1 Corintios 10:14-22

jueves, 17 de enero Marcos 14:22-25

viernes, 18 de enero Hechos 2:37-42

sábado, 19 de enero Hechos 20:5-16

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