Bautismo

Se cuenta que cuando Iván el Terrible reinaba en Rusia, se dedicó tanto a sus tareas de líder que no tenía tiempo para sí, para el matrimonio o la vida social. Esta obsesión llegó a preocupar tanto a sus servidores más cercanos que le insistieron mucho en que se casara. Aceptó el consejo y envió vasallos de confianza a que le buscaran una novia entre las princesas de Europa. Le propusieron al fin a Sofía, hija del rey de Grecia. Él solicitó formalmente la mano de Sofía, y se la otorgaron con la condición de que él se hiciera miembro de la Iglesia Ortodoxa Griega y lo aceptó.

Sin embargo, al enterarse de los requisitos se sintió desanimado. Uno de los artículos de fe establecía que ya no podía ser un soldado profesional. Cuando Iván y 500 de sus soldados bajaron a las aguas del bautismo para ser bautizados por 500 sacerdotes, ya habían ideado un plan. Fueron sumergidos en las aguas, pero cada uno de ellos dejó el brazo fuera del agua con la espada en la mano. Se unieron a la iglesia con sus cuerpos, pero dejaron sus intenciones, brazo y espada sin bautizar.

Reflexionemos sobre nuestra vida por un momento: Cuando usted fue bautizado, ¿Qué dejó fuera del agua sin querer entregárselo a Dios? ¿Sus posesiones materiales? ¿su sexualidad? ¿Sus relaciones con otros? El bautismo significa que reconocemos a Cristo como Señor de nuestra vida. Déselo todo a Él hoy.

Lecturas

domingo, 11 de noviembre 1 Corintios 15:29-34

lunes, 12 de noviembre 2 Corintios 12:11-18

martes, 13 de noviembre Hechos 2:37-42

miércoles, 14 de noviembre 1 Pedro 3:13-22

jueves, 15 de noviembre Juan 3:1-21

viernes, 16 de noviembre Lucas 3:21-22

sábado, 17 de noviembre Hechos 19:1-7

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