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“Como el Padre me ha amado, así también Yo os he amado; permaneced en mi amor.”

 

                                                                     Evangelio según San Juan 15:9

                                        

     Antes de pronunciar la bendición al concluir el Servicio del pasado domingo en la noche, el Pastor Pérez dijo lo siguiente: “Cuando estamos debidamente conectados a la Vid Verdadera, somos nutridos de su amor. Y cuando estamos nutridos del amor de Dios, aprendemos a convivir con los demás”.

     La metáfora de la Vid Verdadera forma parte del último discurso de Jesús antes de su oración sacerdotal y su eventual arresto. Este discurso comienza una vez Judas abandona el lugar en el que estaban reunidos para participar de la última cena. En ese momento, Jesús comienza a hablarle a los once sobre la importancia de mantener el amor como el distintivo mayor entre ellos. Para eso, le da un nuevo mandamiento: “Que os améis unos a otros; como Yo os he amado,” (Juan 13:34).

     Jesús utiliza muy hábilmente la metáfora de la vid para demostrar varios principios. El primero de ellos es que las ramas no pueden subsistir si no permanecen conectadas a la vid. La otra es que las ramas de la vid crecen entrelazadas las unas con las otras. De la misma manera, los creyentes no podemos subsistir separados de la Vid, y por otro lado, necesitamos crecer entrelazados los unos con otros. Para esto, el Maestro establece como fundamento el amor del Padre para con Él y el amor de Él para con los suyos. Un poco más adelante, Jesús describirá la extensión del amor del Padre hacia el Hijo: “Porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”, (Juan 17:26). A la luz de esta cláusula, podemos concluir que si el Hijo nos amó así como lo amó el Padre; su amor por nosotros también fue desde antes de la fundación del mundo. Siendo así, en el centro de esta nueva comunidad de fe, que es la Iglesia, sobre todas las cosas debe reinar el amor con que fuimos amados. ¡Que así nos ayude Dios!

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