Diamantes o Canicas

Se cuenta que en el siglo pasado vivía en la región de Kimberly en África una familia muy pobre. El hombre tenía un rancho, pero la tierra era arenosa y estéril. Los niños, sin dinero con qué comprar canicas, habían aprendido a jugar con piedrecitas que juntaban de la arena del arroyo.

Un día pasaba un grupo de hombres y se detuvieron para pedir agua. Mientras la tomaban, uno de los hombres se quedó viendo a los muchachos y a sus “canicas”, luego les preguntó si había más y cuando los niños le dijeron que, efectivamente, había montones junto a la arena, el hombre fue a verificar hallando tal y como los niños le habían dicho.

Entonces dijo al campesino: “Oiga señor, ¿Cuánto quiere por su rancho? Yo le pagaré lo que me pida.”

El campesino sonrió, y pensando hacer un excelente negocio pidió cincuenta mil dólares. Dicho y hecho, el hombre sacó su talonario de cheques y le pagó lo que había pedido.

Eso fue el origen de las Minas Kimberly, las minas de diamantes más valiosas del mundo.

Ustedes y yo tenemos promesas de Jesús mucho más valiosas que los diamantes y, sin embargo, en ocasiones jugamos con ellas como si fueran canicas. El propósito de las promesas de Dios al hombre es el hacerlo más valioso y mejor; mientras no lo veamos así no seremos mejores.

Lecturas



domingo, 22 de abril Éxodo 20:12

lunes, 23 de abril Deuteronomio 5:1-21

martes, 24 de abril 1 Reyes 8:22-25

miércoles, 25 de abril Efesios 6:1-9

jueves, 26 de abril Marcos 7:1-23

viernes, 27 de abril 2 Corintios 1:12-24

sábado, 28 de abril Romanos 1:1-7

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