¡Larga Vida!

April 23, 2018

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria.”

 

                                                                                                   Epístola a los Hebreos 11:13-14

                                        

     Hace algún tiempo, recibí un mensaje de texto de parte de uno de los ancianos de nuestra congregación en Mayagüez. El mismo leía como sigue: “¡Larga vida para el Pastor Pérez!” Aunque sospechaba conocer las razones del texto, pues sabía que nuestro Pastor Emérito había estado predicando esa mañana en nuestra congregación hermana, le contesté con la siguiente pregunta: “¿Qué pasó con el Pastor Pérez?” Entonces, me contestó: “Dios lo utilizó poderosamente en el sermón de esta mañana en nuestra iglesia. Todavía le queda gasolina en el tanque. Que Dios nos permita tenerlo muchos años más”.

     La expresión, ¡Larga Vida!, tiene su historia. Se dice que en las monarquías, al celebrarse la ceremonia de sucesión tras la muerte de un rey, los fieles al monarca gritaban a coro: “El rey ha muerto, larga vida al rey”. De esta manera se aseguraba la sucesión hereditaria, evitando así la difícil situación política de dejar un trono vacante.

     En el quinto mandamiento se promete larga vida para quienes honren a sus padres o a sus mayores. De hecho, la idea de que los años de alguna persona se alargaran, nos viene de las promesas del Pentateuco (Éxo. 20:12, Deut. 4:40; 5:16; 17:20). Pero, ¿representará esto una garantía de vivir muchos años? En términos generales, todos deseamos larga vida, tanto para nosotros como para aquellos a quienes amamos. Pero, ¿debería ser nuestra mayor prioridad aspirar a vivir muchos años? El pasaje de Hebreos 11:8-16 sirve para iluminar nuestra respuesta a esta pregunta. En el versículo 13 se nos haba de una multitud de personas que vivieron y murieron esperando el cumplimiento de la promesa divina de una larga vida. Nos dice que: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. La larga vida está en la presencia de Dios.

 

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