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La Envidia

April 18, 2018

         Cuenta una antigua leyenda del siglo cuarto que unos demonios inexpertos encontraban grandes dificultades para tentar a un ermitaño consagrado. Le incitaban con toda clase de tentaciones, pero no podían seducirlo. Frustrados, los novatos volvieron a Satanás y le contaron sus apuros. Él les respondió que habían sido demasiado duros con el monje. “Enviadle un mensaje”, dijo, “de que su hermano acaba de ser nombrado obispo de Antioquía. Llevadle buenas noticias.” Siguiendo el consejo de su jefe, los demonios volvieron obedientes y comunicaron las gratas noticias al ermitaño. En el mismo instante se hundió en unos celos profundos y malévolos.

     Después Satanás instruyó a sus subordinados, diciéndoles: “Envidia y celos son frecuentemente las mejores armas contra aquellos que buscan la santidad.”

     Qué cierto es esto en la experiencia humana. Juan de la Cruz dijo en lo que se refiere a la envidia: “Muchos sienten disgusto cuando ven a otros en posesión de bienes espirituales. Se sienten sensiblemente heridos de que otros los sobrepasen en este camino, y se resienten cuando otros son alabados.”

     Además, los corazones celosos y envidiosos son infelices; porque hay una patología miserable en los celos. La Biblia recuerda esto de manera inolvidable en el caso del hermano mayor del pródigo. Su corazón celoso hace que sea incapaz de compartir el gozo de su familia. De hecho, se pierde la fiesta de su vida (Lucas 15:25-30). Entonces, incapaz de participar en las cosas que agradan al padre, sufre mayor aislamiento. Su hermano se convierte para él en “este tu hijo” (Lucas 15:30).

     Está fuera de onda no sólo con su hermano, sino también con su padre. Los celos le han convertido en un miserable. Un corazón

sujeto a semejante patología no puede tener nunca éxito, independientemente de sus logros externos.

     ¡Cuánto mejor es ser un amable alentador que un celoso detractor! Cuánto mejor ser como Moisés. “¡Ojalá que todos fuesen profetasen el pueblo de Jehová, y que Jehová pusiese su Espíritu sobre ellos!” (Números 11:29).  Cuánto mejor ser como Jonatán que fue capaz de reconocer que David sería quien ocuparía el trono y no él, y llegó a hacer pacto de amistad con David (1 Samuel 18:1-4). Cuánto mejor ser como Juan el Bautista que respondió a la advertencia de sus discípulos respecto a la ascendencia de Jesús sobre él diciendo: “Ningún hombre puede recibir nada a menos que le haya sido dado del cielo… A Él le es preciso crecer, pero a mí menguar” (Juan 3:27,30). ¡He ahí un hombre de éxito! Por lo menos eso pensó Jesús, ya que dijo: “De cierto os digo que no se ha levantado entre los nacidos de mujer otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11).   

 

 

Lecturas

 

domingo, 15 de abril           Romanos 8:1-11

lunes, 16 de abril                2 Timoteo 3 :1-9

martes, 17 de abril             Gálatas 5:25-6:10

miércoles, 18 de abril         Números 12:1-8

jueves, 19 de abril               Ester 6:1-14

viernes, 20 de abril              2 Juan 1-9

sábado, 21 de abril             Lucas 22:19-30

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