En El Nombre De Dios.

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.”

Libro de Éxodo 20:7

Habiéndose enriquecido repentinamente por una herencia inesperada, un hombre se hizo el propósito de hacer feliz a algún mendigo. Saliendo a la calle, se encontró con uno muy conocido. Sacando su libreta de cheques, preparó uno con su firma, se lo entregó al pobre mendigo y le indicó que si iba al banco allí le entregarían una buena cantidad de dinero. El hombre, sorprendido, dio las gracias, guardó el cheque y siguió pidiendo limosnas.


Al día siguiente, el hombre pasó por allí para ver si veía al mendigo. En efecto, lo vio tendido en el lugar de siempre pidiendo limosnas. Se le acerca y le pregunta qué hizo con el cheque. El mendigo le contestó que fue al banco y al ver todo tan limpio y a los empleados tan bien arreglados, tuvo temor de que no fueran a cambiarle el cheque, viendo éstos su mal aspecto. Entonces, el donante lo reprendió diciéndole: “Mi firma en el cheque representan mi nombre y mi fortuna. Vaya usted ahora mismo y reclame su dinero”.


Aquel mendigo, sin saberlo, iba en el nombre de una persona muy acaudalada. De igual manera, cada vez que los seres humanos utilizamos el nombre de Dios, representamos con ello su honor, su majestad y su gloria. Por otro lado, debemos recordar que esto tiene una connotación muy seria. La misma está contenida en el tercer mandamiento que prohíbe tomar el nombre de Dios en vano. Es muy común que tengamos el nombre de Dios en nuestras conversaciones cotidianas. Sin embargo, deberíamos tomar muy en serio cada que digamos que vamos a hacer algo en el nombre de Dios.

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