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“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

                                                                                                  Libro de Deuteronomio 6:4-5

 

          Se dice que cuando el almirante Gaspard De Coligny y sus hugonotes (calvinistas franceses) se encontraban sitiados en El Havre, el comandante de las fuerzas que rodeaban la ciudad mandó lanzar al interior de la fortaleza una flecha a la que se había atado, en la punta, un mensaje en el que se les invitaba a rendir sus armas al rey de Francia, Enrique II. Coligny devolvió a las fuerzas armadas del rey la misma flecha con la siguiente respuesta: “Regem habemus”. Esto quiere decir: “Tenemos un Rey”, refiriéndose a Cristo, a quien se sentía obligado a obedecer antes que a los hombres.

          ¿Ha pensado, usted, que Dios demanda de nosotros una obediencia similar a ésta? ¿Él requiere una fidelidad que tenga un carácter incuestionable? En el libro de Deuteronomio encontramos lo que podríamos llamar el resumen de los cuatro primeros mandamientos. Todos ellos nos hablan sobre nuestras obligaciones con respecto a Dios. En resumen, estos son: No tendrás dioses ajenos delante de Mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza, ni te inclinarás a ellas. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano. Y, acuérdate del día de reposo para santificarlo. El resumen que encontramos en Deuteronomio es similar al que Jesús ofreció en su momento y que se registra en los evangelios. En esencia el resumen requiere amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. El corazón, el alma y las fuerzas representaban la totalidad del ser. De esa totalidad de nuestro ser Dios no reclama sólo una parte. Dios reclama TODO. Ahora bien, ¿cuánto le damos? ¿Cuánto conservamos para nosotros? ¡Recuerde muy bien! Dios demanda TODO o nada.

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