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¿Quién dice yo?

July 3, 2017

“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”

                                                                                    Evangelio según San Mateo 9:37-38

                                    

 

     Hace mucho tiempo, alguien puso un terroncito de azúcar sobre una piedra. Luego, tomó una hormiga y la colocó encima del terrón de azúcar que había colocado sobre la piedra. El hombre quedó sorprendido al ver que la hormiga, después de examinar su “dulce descubrimiento”, se apartó del lugar y repentinamente apareció una fila formada por otras compañeras hormigas, todas en dirección del terroncito de azúcar. Eventualmente lo cargaron, entre todas, hasta el lugar en donde estaba el hormiguero.

 

     ¿Qué y cómo sucedió? El autor de esta historia no tiene manera de explicarlo, pues desconoce sobre el tema de las hormigas. Lo que sí pudo comprobar es que, aparentemente, las hormigas tienen la capacidad de comunicarse entre ellas, compartir un buen hallazgo y trabajar juntas para una misma causa.

 

     Durante su ministerio público, Jesús entró en contacto con muchas personas. Ya fuera por medio de su enseñanza, sus milagros o sus señales, la gente era alcanzada por Él. Parte de su misión fue hacer justamente esto. Por tal razón se le veía en tránsito constante, con el fin de alcanzar a muchos. Por ejemplo, en el pasaje de Mateo 9:35-38, el evangelista nos narra lo siguiente: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. Como puede notarse, el Maestro le hace esta observación a sus discípulos. Si bien es cierto que les pide que rueguen al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies; no es menos cierto que se dirige justamente a ellos. ¿Quiénes deberían ser los primeros en responder al ruego por más obreros? Ciertamente, los discípulos. Así debe ser, también, con nosotros. ¿Quién dice yo?

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