La Verdadera Vida Abundante

“El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

Evangelio según San Juan 10:10

Un turista, que visitaba el Gran Cañón, perdió el balance y cayó abajo. Al caer, logró asirse de un arbusto que sobresalía. Mientras colgaba del arbusto, clamó al cielo diciendo: “¿Hay alguien allá arriba?” Una voz potente, pero serena, le contestó afirmativamente. El turista preguntó: “¿Me puedes ayudar?” A lo cual la voz contestó que sí. Luego, la voz le preguntó: “¿Crees y confías en mí?” El hombre contestó de manera afirmativa. Entonces, la voz le replicó: “Bueno, en ese caso, todo lo que tienes que hacer es soltar el arbusto.” Luego, tras una tensa pausa, el hombre gritó: “¿No hay nadie más allá arriba?”

Evidentemente aquel hombre demostró no conocer a Dios, ni confiar en Él de la manera en que Dios debe ser conocido y demanda que confiemos en Él. Conocer a Dios y confiar en Él, son dos acciones que van tomadas de la mano.

La vida abundante no es sinónimo de ausencia de tropiezos, y presencia de todo cuanto podamos desear. Para disfrutar de la verdadera vida abundante necesitamos conocer a Dios. Esto equivale a tener una relación íntima con Él. Cuando le conocemos así, comenzamos a disfrutar de esa vida abundante. En el pasaje de Juan 10, el Maestro describe algunas de las características de esa vida, tales como: Ser buscados directamente por Él, ser conocidos por Él y conocer su voz, habitar seguros con su compañía, ser saciados, y ser guiados y guardados para siempre. En eso consiste la verdadera vida abundante.

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