¡Explíquenme Eso!

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que

está en los cielos es perfecto.”

Evangelio según San Mateo 5:48

Un padre y su pequeño hijo iban caminando por una calle

en Chicago y llegaron a una plaza donde estaban construyendo un

edificio de muchos pisos. Mirando hacia arriba vieron a algunos

hombres trabajando en la última planta del edificio.

“Papá”, preguntó el pequeño, “¿Qué están haciendo

aquellos niños allá arriba?”

“No son niños”. Respondió el papá. “Son hombres bien

crecidos.”

“Pero, ¿por qué parecen tan pequeños?” Preguntó el pequeñín.

“Porque están muy alto.” Contestó el padre.

Después de una pausa, el niño volvió a preguntar: ¿Quedará

algo de ellos cuando lleguen al cielo?”

Cada vez que leemos un versículo como el que encabeza

esta nota editorial, no preguntamos: ¿Será eso posible?

Y si es posible, entonces deberíamos exclamar:

¡Explíquenme eso! Aún cuando creemos que una

discusión amplia sobre el tema requiere mucho tiempo,

nos parece que esta historia ilustra muy bien el sentido

real implícito en el reclamo de “ser perfectos como nuestro

Padre”. La idea fundamental aquí es que en la medida

en que el cristiano se niega a sí mismo, se asemeja más a Dios.

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