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Rompe el duro suelo en mí, ayúdame a creer.

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ORACIÓN CONGREGACIONAL CANTADA:

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El Ordo Salutis, Parte II

September 11, 2016

“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;”

Carta a los Filipenses 1:3-6

 

Un matrimonio de buena posición económica había adoptado un niño. En la escuela sus compañeros le dijeron: “No te jactes porque uses muy buena ropa, ni porque vivas en una casa muy elegante, pues tus padres no son tus verdaderos padres”. El chico se puso muy triste, pero les contestó diciendo: “Es cierto que ustedes viven con verdaderos padres y que yo soy un niño adoptado. Sin embargo, ustedes no pueden decir esto: ‘Un día un matrimonio rico llegó a un orfanatorio para solicitar la adopción de un niño. Anduvieron mirando de cuarto en cuarto y de cuna en cuna buscando uno, y de todos los que había allí decidieron escogerme sólo a mí. No sé por qué me seleccionaron, pero la realidad es que soy un niño escogido’. Tenga esta satisfacción que ustedes no tienen”. Conocer esta verdad le dio seguridad sentido de pertenencia a este niño.

 

Los verdaderos creyentes en Cristo podemos decir lo mismo. Como hemos podido ver, según el testimonio de las Sagradas Escrituras, Dios nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo, nos llamó eficazmente, nos regeneró espiritualmente y nos convirtió, dándonos arrepentimiento y fe. Esa es la primera parte del Ordo Salutis.

 

La segunda parte nos enseña que por virtud del sacrificio sustitutivo de Cristo, recibimos la justificación por nuestros pecados. Entonces, Dios nos hace partícipes de todos los beneficios de su herencia espiritual, al adoptarnos como hijos suyos. Luego, por medio de su Santo Espíritu, comienza y completa la obra de la santificación, conformándonos cada día según la imagen de su Hijo. Finalmente, nos llevará al estado de perfección cuando nos glorifique en su eterna presencia. ¡Soli Deo Gloria!  

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