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ORACIÓN CONGREGACIONAL DE REFLEXIÓN:




  Amante Padre nuestro, venimos ante Ti con corazones rebosantes de gratitud. Recibe nuestra sincera adoración y escucha nuestra plegaria.

 

  El día de hoy estaremos reflexionando sobre los milagros de tu amante Hijo. Concédenos la capacidad de mirarlos y encontrar en ellos las lecciones que tengas a bien enseñarnos.

 

  Tu Palabra nos narra que Jesús realizó milagros de sanidad y liberación, los cuales beneficiaron a muchas personas. Recordamos cómo sanó a la suegra de Pedro. Recordamos cómo hizo lo mismo con muchos otros enfermos que llegaron hasta donde Él estaba. Y también recordamos la autoridad con la que sujetó a los espíritus inmundos.

 

  Pero, por otro lado, entendemos que tu Palabra nos invita a reflexionar sobre algunas lecciones que se presentaron junto con los milagros. Hoy, queremos reflexionar sobre la respuesta de la suegra de Pedro, en servicio a Jesús y a los que con Él estaban. Queremos reflexionar sobre la compasión que mostró el Maestro; sobre su pasión por la búsqueda de quietud en la oración; por su capacidad para resistir la tentación del éxito y del aplauso de las multitudes, y por la claridad con la que entendió y ejecutó su difícil misión.

   En Su nombre te pedimos que nos permitas aprender de Él, y que podamos rendirte un servicio digno. ¡Amén!

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