No Tenía Tiempo.


Hace algunos años un joven se acercó al capataz de un equipo de leñadores y pidió trabajo.

-Depende -contestó el capataz-. Veamos cómo talas ese árbol.

El joven se adelantó y con maestría taló un gran árbol. Impresionado el capataz exclamó:

-¡Empiezas el lunes!

Lunes, martes, miércoles y jueves pasaron; y el jueves por la tarde el capataz se acercó al joven y le dijo:

-Puedes recoger tu cheque cuando salgas hoy.

Sorprendido, el joven respondió:

-Creía que pagaban los viernes.

-Normalmente lo hacemos -contestó el capataz-, pero te dejamos marchar hoy porque te has quedado atrás. Nuestras hojas diarias de trabajo demuestran que has caído del primer lugar el lunes al último el jueves.

-Pero soy un buen trabajador -objetó el joven- ¡Llego primero, me voy último, e incluso he trabajado durante la hora del descanso!

El capataz, sintiendo la integridad del joven, pensó durante un minuto y preguntó:

-¿Has afilado el hacha?

El joven replicó:

-He estado trabajando tanto que no he tenido tiempo para eso.

Que error tan obvio. ¿Cómo pudo alguien cometer tan imposible error? Aun así, el hecho es que muchos de los siervos de Dios fracasan en la tarea señalada porque no se toman tiempo para afilar sus vidas en oración.

Sin duda, cuando los siervos de Dios hablan con franqueza de sus vidas espirituales, la mayoría manifiestan su culpabilidad respecto a su vida de oración. Esto quiere decir que miles están llevando a cabo sus ministerios con instrumentos cada vez menos afilados que, inevitablemente, frustran cualquier posible éxito.

Lecturas:

domingo, 13 de noviembre Lucas 18:1-8

lunes, 14 de noviembre Jeremías 29:12

martes, 15 de noviembre 1 Tesalonicenses 5:17

miércoles, 16 de noviembre Mateo 6:5-6

jueves, 17 de noviembre Mateo 26:41

viernes, 18 de noviembre Santiago 5:16

sábado, 19 de noviembre Mateo 7:7-8

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