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Llegó La Hora


  

           

Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Evangelio según San Juan 12:23-24

 

     Uno de los temas de la teología que puede ser más difícil de comprender para nosotros, es el de la gloria de Dios. En la Biblia se habla de ella en varios aspectos. Siendo las palabras “kabod” y “doxa” las más utilizadas. Estas palabras implican: peso, pesadez, grandeza, gravedad o abundancia. Por lo que, al ajustarse al carácter de Dios, es decir, a sus atributos, éstos le dan un peso o una gravedad que es la fuente de su gloria. Podemos decir que, la gloria de Dios es la manifestación de su grandeza, su esplendor divino y su excelencia interna que se expresa de manera externa entre los hombres. Y como no hay nadie de más alto rango, ni más importante, o bello que Dios, es su gloria la que define su poder, majestad y santidad.

     Luego de presenciar la resurrección de Lázaro las gentes seguían a Jesús. Esto incluía a los griegos (gentiles) y muchos de los judíos que creían en Él. Al ver esto, los líderes religiosos de Israel quieran deshacerse de Jesús y planean matarlo, entendiendo que “el mundo se va tras de Él”. Por lo que, Jesús reconoce que, su hora ha llegado. Cuando hablamos de la hora de Jesús, nos referimos a su muerte, resurrección y ascensión al cielo. Y este acto de Jesús sería para la gloria de Dios. Jesús vino para morir. Su muerte no fue símbolo de derrota, no fue un acto de heroísmo para que lo viéramos como un ejemplo a seguir, ni mucho menos como un mártir que murió por su causa. En su muerte de cruz había un propósito eterno; que como el grano de trigo se rieguen muchas semillas que glorifiquen a Dios. Es por lo que, se nos invita a seguir a Jesús y a servirle, y que como Jesús le seamos fieles hasta la muerte.

     El nombre de Dios siempre será glorificado, Dios lo aseguró con una voz del cielo. Y así como la obra de Cristo en la cruz fue para la gloria de Dios, que nuestras buenas obras en su servicio cumplan ese mismo propósito. ¿Qué significa eso? Que todo lo que hagamos en la vida sea para la gloria de Dios. Ese debe ser nuestro fin principal, para eso fuimos creados. Y ¿Cómo lo hacemos? Reconociendo que el mundo no gira al rededor nuestro, ni que somos el centro del universo. Glorificar a Dios es darle a Dios el lugar que le corresponde, el primer lugar en todo. ¿Es ese tu fin principal y el propósito de tu vida? Analízalo, si no es así, llegó la hora de hacerlo.  

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