La Última Pascua



“De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.”

Evangelio según San Marcos 14:25

¿Recuerda, usted, la última vez que oyó hablar de la providencia de Dios? Seguramente, si usted ha formado parte de la vida de esta congregación, el término no le sonará extraño. Cuando hablamos de la providencia divina nos referimos a esa acción de Dios que prevé y provee, según su plan perfecto, santo, amoroso y eterno.

Si usted es un buen observador, se habrá dado cuenta de que la porción bíblica que nos ocupa en esta ocasión parece estar un poco fuera de fecha o del calendario litúrgico. Lo cierto es, que tendemos a asociar los relatos sobre la última cena de nuestro Señor con la celebración de la Semana Mayor; particularmente con el Jueves Santo. Sin embargo, podríamos decir que la providencia de Dios ha dispuesto que justamente hoy, cuando celebramos nuestro primer Servicio de Adoración a Dios en el día del Señor, seamos invitados a participar del sacramento de la comunión. Todo esto concuerda con el hecho de que nos quedaran sólo unas pocas historias animadas sobre la vida de Jesús, y que una de ellas fuera: La Última Cena de Jesús. Allí está la providencia de Dios, una vez más, en acción.

Así que, hoy tendremos la oportunidad de reflexionar sobre algunos de los significados de esta última cena, conocida con varios nombres, tales como: Eucaristía, Comunión, Santa Cena, Cena del Señor y Mesa del Señor, entre otros. Hoy, hemos optado por referirnos a ella con uno de los títulos menos utilizados: La Última Pascua del Señor. Las palabras de Jesús citadas arriba apuntan hacia esa realidad, cuando dijo: “De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios”. ¿Qué les parece si damos una mirada a esta última vez que Jesús participó de la Pascua? Veamos.

La pascua conmemoraba la maravillosa provisión divina, librando de la muerte a los primogénitos judíos, liberando al pueblo judío, y anticipando el pacto sinaítico. Si miramos con atención, veremos cómo Jesús encarna y da su sentido más pleno a todos los elementos de la pascua judía, y a la vez, anuncia el reino venidero de Dios. Podemos ver, entonces, que la última pascua nos invita a dar una mirada al pasado, una celebración del presente y un anuncio del futuro eterno.


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